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Curs sobre els convenis de l'Administració local

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Unitat 3. Convenis entre administracions públiques i subjectes de dret privat i diferències amb altres figures. Part I

3.1 Diferències entre els convenis de col·laboració i contractes administratius

El legislador, conscient dels advertiments del Tribunal de Comptes en el sentit que el conveni de col·laboració és una figura d'escassa regulació legal “que genera prácticas que soslayan la aplicación de la legislación contractual en cuestiones en las que sería procedente, discurriendo la gestión de los fondos públicos por cauces jurídicamente inseguros", ha regulat en “bloc” els convenis reforçant la idea que “els convenis no poden tenir per objecte prestacions pròpies dels contractes. En aquest cas, la seva naturalesa i règim jurídic s’ha d’ajustar al que preveu la legislació de contractes del sector públic”.

Ara bé, la Llei 40/2015 ha abordat la diferenciació a través de la tècnica de la remissió a la normativa de contractes, de manera que una prestació que s’emmarqui en la LCSP no pot ser objecte de conveni. Tal com afirma l’Informe 5/2015, de 12 de maig, de la Junta Consultiva de Contractació d’Aragó:

“La doctrina iuspublicista española afirma, de manera reiterada, que en el Derecho español, el término convenio es utilizado, frecuentemente, como un concepto meramente descriptivo, que no pretende remitir a una precisa naturaleza jurídica de la figura a la que se refiere, sino sólo expresar que en la formación de dicho acto jurídico intervienen voluntades concurrentes de dos o más sujetos. Cual sea el valor que a esas voluntades deba conferirse y, en concreto, si de la mencionada concurrencia de dichas voluntades hay que concluir que estamos ante un verdadero contrato, es una cuestión que no se puede responder a partir, exclusivamente, de que el ordenamiento o las partes se valgan del término convenio. Tanto en las relaciones entre Administración y ciudadano, como en las que se entablan entre Administraciones Públicas, la designación de un acto jurídico con conceptos como los de convenio, pacto, protocolo, acuerdo, compromiso, concierto, convención, contrato, o alguno semejante, muchas veces pretende, más que remitir a un determinado régimen jurídico, evitar un pronunciamiento expreso sobre la precisa naturaleza de aquello que se sitúa bajo estos términos. Por lo general, los negocios jurídicos bilaterales en el Derecho público se suelen clasificar, habitualmente, en contratos y convenios.”

"El término contrato, designa un acuerdo de voluntades entre dos personas, a través del cual una se obliga a cumplir algo determinado, que constituye el objeto de su prestación, a cambio de un precio, que es la contraprestación que permite apreciar la onerosidad del negocio.

El convenio, por su parte, es un instrumento por el que se otorga cobertura formal a una gran variedad de actos, y que puede definirse como el concurso de voluntades, entre dos o más partes, para colaborar en la consecución de finalidades de interés común, desde una posición de igualdad, formalizada por escrito.”

Vegem les diferències més importants:

1. Ambdues figures estan dins d’una categoria més àmplia, la del negoci jurídic, però el que marca la diferència “no ha de ser la denominación que las partes intervinientes otorguen al negocio jurídico objeto de la controversia la que determine el régimen jurídico que tiene que regularlo si no la real naturaleza del mismo es la que tiene que imponer o permitir los principios señalados” (Informe 4/06, de 26 d’octubre de 2006, de la Junta Consultiva de les Illes Balears). L’Informe 5/2015, de 12 de maig, de la Junta Consultiva de Contractació d’Aragó assenyala que “La primera obligación que incumbe, a quien deba calificar, desde el punto de vista jurídico, cualquier negocio jurídico de carácter bilateral —con independencia del nomen iuris, que se otorgue al documento en que se encuentre formalizado, un convenio, pacto, protocolo, acuerdo, compromiso, concierto, convención, o contrato, etc.— es preguntarse sobre la verdadera naturaleza jurídica del negocio que se esconde tras estas expresiones, y recordar, como afirma la STS de 6 de febrero de 1989, que 'Los convenios jurídicos son lo que legalmente son y no lo que semánticamente puedan significar'.”

2. Tot i que es parla de contracte i conveni com a figures diferenciades, hi ha autors que afirmen que ambdós són contractes, atès que generen obligacions recíproques, però mentre que els uns es regulen en la LCSP, els altres es regulen en la Llei 40/2015. L’article 6.2 exclou de la LCSP “[…] los convenios que celebren las entidades del sector público con personas físicas o jurídicas sujetas al derecho privado, siempre que su contenido no esté comprendido en el de los contratos regulados en esta Ley o en normas administrativas especiales”.

3. El contracte pròpiament existeix quan la voluntat de cada una de les parts actua en consideració a un interès oposat o diferent del que impulsa a l’altra part. Els contractants persegueixen interessos oposats que s’harmonitzen mitjançant un acord de voluntats. En canvi, en el conveni ambdós parts persegueixen un interès comú, que ha de ser un interès públic, i mitjançant l’acord de voluntats els uns amb els altres col·laboren en la seva realització.

L’Informe 5/2015, de 12 de maig, de la Junta Consultiva de Contractació d’Aragó afirma:

"En un convenio de colaboración se articula la colaboración institucional, a fin de llevar a fin o término, una actuación que demanda los intereses u objetivos que comparten quienes los suscriben. No existe más interés que los fines públicos que persiguen en el ejercicio de las competencias que tienen atribuidas. Por el contrario, el contrato persigue desarrollar una actividad singular y específica que forma parte del tráfico mercantil. De manera, que existe contraposición de intereses, e interés patrimonial."

4. En el contracte hi ha un interès patrimonial per sobre de qualsevol altre interès, en canvi, en el conveni no hi ha un interès patrimonial. Aquesta diferència és important a l'hora de valorar entre conveni i contracte administratiu especial, atès que el concepte és ampli: “que tengan naturaleza administrativa especial por estar vinculados al giro o tráfico específico de la Administración contratante o por satisfacer de forma directa o inmediata una finalidad pública de la específica competencia de aquella” (art. 25.1.b de la LCSP).

5. El contracte és precedit d’un procés previ de licitació, amb demostració de solvència econòmica i tècnica del licitador, en canvi, el conveni no és precedit d’aquest procediment. Segons l'Informe de Junta Consultiva de Contractació Pública de l'Estat núm. 42/99, de 12 de novembre de 1999, "Los convenios […] al no poder precisarse cual de las partes actúa como órgano de contratación y cual como contratista, unido a la dificultad de aplicar […] preceptos concretos de la Ley (solvencia, clasificación, garantías, etc.) resulta obligado canalizar estas actuaciones por la vía del convenio de colaboración y no por la vía del contrato".

6. Mentre que l’òrgan competent està definit legalment en relació amb els contactes (disposició addicional segona de la LCSP), no és així en els convenis.

7. En el contracte, l’Administració està investida d’una sèrie de privilegis i prerrogatives que la situen en una situació de preeminència en relació amb el contractista, en canvi, en el conveni, ambdós parts busquen la consecució de la finalitat d’interès comú des d'una posició d’igualtat.



↑ Índex de la unitat

3.1.1 Característiques recollides per diverses juntes consultives de contractació administrativa

Recomanació de la Comissió Consultiva de Contractació Pública d'Andalusia 8/2008, de 13 de maig

"[…] todos los supuestos en los que la Administración esté interesada en que por parte de una Universidad o de un organismo público o privado de investigación se realice un estudio de I+D concreto, cuyo coste sea sufragado por ella asumiendo los derechos y el uso del resultado del mismo, nos encontramos ante un contrato de servicios sujeto a la LCSP […].

Distintos serán aquellos supuestos en los que la relación que se trate de entablar entre la Administración y el ente público o privado responda a la naturaleza propia del convenio de colaboración, en el sentido de fórmula que responde más a la idea de consecución de un interés común, que a la de contraposición de prestaciones entre las partes, en la que existe, por tanto, una puesta en común de elementos materiales y personales para la realización de los trabajos de investigación y desarrollo, así como la obtención de un resultado de interés para ambas, cuya titularidad y uso corresponde también a las dos partes intervinientes.

No obstante habría que tener siempre presente que la voluntad del legislador de limitar el uso de los convenios de colaboración, nos lleva a interpretar los parámetros o notas señaladas de forma estricta, de tal forma que no puede considerarse que existe auténtica colaboración entre las partes cuando la puesta en común consiste en la aportación por parte de una de ellas del personal necesario para la realización del estudio mientras que la aportación de la otra parte consiste en la aportación económica necesaria para sufragar los gastos que origina la realización del estudio. […]

Sólo resultaría procedente la suscripción de convenios de colaboración en materia de I+D en los casos en que concurran las siguientes notas:

1.- Todas las partes que lo suscriben […] tienen un interés común en llevar a cabo un proyecto conjunto. La existencia de este interés común se aprecia cuando, con los resultados científicos que se deriven de dicho proyecto, se da satisfacción a las necesidades de cada una de las partes, de acuerdo con sus objetivos y fines. No puede considerarse que existe ese interés común cuando el interés de una de las partes consista en la realización del trabajo y que éste le sea sufragado -en todo o en parte- por enmarcarse ello en la actividad propia de la entidad.

2.- El objeto del convenio no se traduce en prestaciones y contraprestaciones de las partes y no consiste en la financiación de un proyecto sino en la realización del mismo, de tal forma que todas las partes contribuyen al desarrollo del proyecto poniendo en común los datos, conocimientos y elementos personales y materiales con que cuenten.

3.- El proyecto debe generar un resultado científico del que se beneficien todas las partes colaboradoras y del que hagan o puedan hacer uso todas ellas."

En un conveni totes les parts que el subscriuen tenen un interès comú a dur a terme un projecte conjunt. L'existència d'aquest interès comú s'aprecia quan, amb els resultats de l'actuació conjunta, es dona satisfacció a les necessitats de cadascuna de les parts, d'acord amb els seus objectius i fins. No pot considerar-se que existeix aquest interès comú quan l'interès d'una de les parts consisteixi en la realització del treball i que aquest li sigui sufragat -en tot o en part.

L'objecte del conveni no es tradueix en prestacions i contraprestacions de les parts i no consisteix en el finançament d'un projecte sinó en la realització d'aquest, de tal manera que totes les parts contribueixen al desenvolupament del projecte posant en comú les dades, els coneixements i els elements personals i materials amb què comptin.

Vegem l'Informe de la Junta Consultiva de Contractació Pública de l'Estat núm. 57/2003, de 30 de març de 2004, sobre un conveni amb múltiples prestacions:

"[…] el Ayuntamiento de Irún celebre un convenio de colaboración con la Fundación Museo Jorge Oteiza para la definición y puesta en marcha del proyecto 'Mugarte, Centro de Arte y Cultura' y la segunda si resulta factible que el Ayuntamiento contrate los servicios de un Arquitecto para el desarrollo del proyecto […].
[…] pues una de las partes de la relación está constituida por empresas privadas o por Entes o empresas públicas sujetos al Derecho privado y que como tales pueden cumplir todos los requisitos que la Ley exige a los contratistas, sin que pueda cuestionarse que los Entes públicos y empresas públicas están comprendidos en la expresión personas físicas o jurídicas sujetas al derecho privado, por ser esta sujeción la razón de que no se les considere aplicable el apartado c) sino el apartado d) del citado artículo 3.1 de la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas.

[…] el legislador no ha querido que, por la vía del convenio de colaboración 'huyan' de la aplicación de la Ley relaciones que pueden perfectamente articularse por la vía del contrato administrativo.

[…] en el presente supuesto resulta aplicable la letra d) del artículo 3.1 de la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas, al constituir la Fundación Museo Jorge Oteiza una Entidad privada, como tal sujeta al Derecho privado, y al no estar comprendido el objeto del convenio en los contratos regulados en la propia Ley o en normas administrativas especiales, ya que si determinados aspectos de asesoramiento del convenio constituirían objeto de un contrato de consultoría y asistencia lo cierto es que la totalidad de ese objeto es algo más que un simple contrato de tal tipo pues, aparte de comprender actividades distintas al asesoramiento como el préstamo temporal de documentos, materiales y obras del artista, creación de una beca de investigación estética y organización de seminarios y talleres sobre la obra de Jorge Oteiza y las vanguardias representadas en el grupo GAUR, lo cierto es que el objeto del convenio, como indica su denominación y su total contenido es la definición, desarrollo y puesta en marcha del proyecto 'Mugarte, Centro de Arte y Cultura' lo que excede de cualquier tipo de contrato regulado en la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas o en normas administrativas especiales.

[…] el Ayuntamiento de Irún subvencionará a la Fundación con una cantidad […]. Esta previsión implica una contradicción intrínseca entre los términos “contraprestación” y “subvención”, ya que la característica esencial de toda subvención es que se efectúe sin contraprestación directa por parte del beneficiario. Si va a existir, como parece ser a tenor del proyecto de convenio, contraprestación por parte de la Fundación, es improcedente emplear el verbo “subvencionará”, puesto que el Ayuntamiento lo que va a hacer realmente es abonar una cantidad en concepto de contraprestación, aportación o precio por la colaboración que recibe, sin que concurra el animus donandi propio de toda subvención. […]

Por lo expuesto la Junta Consultiva de Contratación Administrativa entiende:

1. Que la definición, desarrollo y puesta en marcha del proyecto 'Mugarte, Centro de Arte y Cultura' puede ser objeto de un convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Irún y la Fundación Museo Jorge Oteiza al amparo del artículo 3.1 d) de la Ley de Contratos de las Administraciones Públicas y como tal excluido de su aplicación.

2. Que el nombramiento de un arquitecto por el Ayuntamiento supone la celebración de un contrato de consultoría y asistencia que no puede eludirse por la vía de convenio […]."

Quan l'objecte és múltiple i comprèn activitats diferents com l'assessorament, el préstec temporal de documents, materials i obres, creació d'una beca de recerca i organització de seminaris i tallers, que excedeix en conjunt qualsevol tipus de contracte regulat en la Llei de contractes del sector públic, podem estar davant d'un conveni de col·laboració.

És interessant comentar l’Acord 53/2016, de 31 de maig de 2016, del Tribunal Administratius de Contractes Públics d’Aragó. Aquest Acord resol la impugnació del Consell de Col·legis d’Advocats de l’Aragó contra l’anunci i els plecs de clàusules de la licitació d’un servei d’assessorament jurídic convocat per l'Instituto Aragonés de la Mujer, impugnació fonamentada en el fet que no s’havia de tractar com una licitació sinó a través de la tècnica del conveni de col·laboració entre administració i col·legi professional (administració corporativa).

L’Acord declara que:

"Argumenta en tercer lugar el recurrente, como motivo del recurso interpuesto, que nos encontramos ante un supuesto, en el que lo que 'procede en derecho es recanalizarlo […] por la vía de los convenios que contempla el artículo 4 texto refundido LCSP (o alternativamente por un sistema de adjudicación directa).

De entrada hay que indicar, como es conocido, que no contempla nuestra legislación ningún sistema de adjudicación directa de ninguna prestación que tenga carácter contractual.

[…]


La exclusión de las normas del TRLCSP en estos supuestos, se explica por la naturaleza especial de tales convenios, que no pueden ni deben someterse a las normas de la contratación administrativa, presididas por el principio de concurrencia. En los convenios de colaboración, su objeto no es el intercambio de prestaciones patrimoniales, sino el desarrollo de una actividad en común. Entre otras particularidades, hay que destacar que en los convenios de colaboración no cabe la resolución unilateral, que en cambio es uno de los rasgos distintivos de los contratos administrativos de contenido patrimonial (STS de 15 de julio de 2003).


En relación con los convenios de colaboración, la JCCA (Informe 18/2001, de 3 de julio de 2001) mantiene que los mismos constituyen el modo normal de relacionarse las Administraciones Públicas, los organismos autónomos y demás entidades públicas sujetas en su actividad contractual al régimen de la legislación de contratos, ya que, al no poder precisarse cuál de las partes debe actuar como órgano de contratación y cuál como contratista —unido a la dificultad de aplicar a la Administración, organismo o ente que haya de considerarse que actúa como contratista preceptos legales concretos (capacidad y solvencia, clasificación, garantías)—, resulta obligado canalizar estas actuaciones por la vía del convenio de colaboración y no del contrato.


Pero el TRLCSP aclara la finalidad de los convenios inter administrativos, afirmando que no proceden cuando la prestación, que es causa del mismo, es una de las prestaciones comprendidas en el ámbito objetivo del mismo y tienen carácter oneroso. Y es que el convenio no puede servir de instrumento que eluda las normas de contratación pública, tal y como ha puesto de relieve el TJUE en su Sentencia de 13 de enero de 2005, en la que se condenaba al Reino de España afirmando que la previsión del artículo 3.1 de la derogada LCAP era contraria al Derecho de la Unión, pese a que desde el Estado español se argumentaba que la figura del convenio es la forma normal de relacionarse entre sí de las entidades de Derecho Público.

No cabe pues considerar susceptible de un convenio de colaboración, las prestaciones que constituyen el objeto de un contrato público de servicios de asesoramiento jurídico individualizado a mujeres, en los términos que se definen en los PCAP y PPT, por prohibición expresa del artículo 4.1 c) TRLCSP.

Y tampoco es posible la celebración de un convenio, al amparo del artículo 4.1 d) TRLCSP, por la misma razón. Se encuentra prohibida tal posibilidad expresamente por el mencionado pfrecepto.

Pero además, y siguiendo la argumentación del recurrente, los Colegios profesionales (su función esencial es garantizar que el ejercicio de la profesión se ajuste a las reglas que regulan tanto su eficacia como la responsabilidad en dicho ejercicio), en la medida en que forman parte de la denominada Administración corporativa, tienen naturaleza pública, pero la gran parte de las actividades que realizan son de naturaleza privada, y, en cuanto primen los intereses profesionales sobre los de la colectividad, se encuentran sometidos, como cualquier operador económico, a las normas que rigen la licitación y adjudicación de los contratos, conforme a los principios de publicidad y concurrencia. No puede afirmarse, en este sentido, que la prestación de los servicios jurídicos no está descrita específicamente como objeto de ningún contrato del sector público; lo está en el ámbito de aplicación del concepto público de contratos de servicios (con su descripción en el código CPV). Y, también es incierto, que el contrato cuyos pliegos se recurren carezca de interés patrimonial, de manera que pueda ser objeto de un convenio. Existe una definición perfecta del conjunto de prestaciones que constituyen el objeto de contrato, y un precio cierto por su prestación. Estamos pues ante un contrato. Procede así pues, desestimar también este motivo de recurso."

En els convenis de col·laboració, el seu objecte no és l'intercanvi de prestacions patrimonials, sinó el desenvolupament d'una activitat en comú.

Els convenis no són procedents quan la prestació, que n'és la causa, és una de les prestacions compreses en l'àmbit objectiu de la Llei de contractes i tenen caràcter onerós.

El conveni no pot servir d'instrument que eludeixi les normes de contractació pública.

La valoració incorrecta del negoci jurídic té conseqüències greus, com assenyala l’Informe 8/2008, de 29 de gener de 2009, de la Junta Consultiva de les Illes Balears.

Informe de la Junta Consultiva de les Illes Balears

L’Informe 8/2008, de 29 de gener de 2009, de la Junta Consultiva de les Illes Balears assenyala que:

"Per determinar si el conveni de què es tracta és un contracte o un conveni exclòs de l’àmbit d’aplicació de la Llei, l’òrgan de contractació haurà d’analitzar el seu objecte i contingut, ja que aquests elements són fonamentals a l’hora de concretar si és possible subscriure un conveni de col·laboració o si ens trobem davant d’un contracte sotmès a la LCSP. Cal tenir en compte que la subscripció d’un conveni en els casos en què en atenció a la seva naturalesa som davant d’un contracte públic té com a conseqüència la vulneració dels principis bàsics de la contractació pública, com són els principis de lliure concurrència, de publicitat, d’igualtat de tracte i de no-discriminació."

La subscripció d’un conveni en els casos en què en atenció a la seva naturalesa som davant d’un contracte públic té com a conseqüència la vulneració dels principis bàsics de la contractació pública, com són els principis de lliure concurrència, de publicitat, d’igualtat de tracte i de no-discriminació.

Incompliment que ens situarà en la nul·litat de ple dret del conveni (segons l'article 39 de la LCSP i l'article 47 de Llei 39/2015).  

Dictamen de la Comissió Jurídica Assessora núm. 200/2014

En aquest sentit, el Dictamen de la Comissió Jurídica Assessora núm. 200/2014 (i en termes iguals, el Dictamen núm. 334/2012) diu:

"Certament, a la vista del contingut del conveni més amunt ressenyat, pot afirmar-se que el seu objecte s’aproxima substancialment amb el que és propi del contracte de concessió d’obra pública. Si es tenen en compte les prestacions previstes en el conveni –atorgament de la construcció de l’obra i la seva explotació a canvi de la seva explotació econòmica acompanyada de la recepció d’un preu–, aquestes coincideixen essencialment amb les que són pròpies de la concessió d’obra pública segons l’article 220 del TRLCAP indicat.

[…] En consideració a aquestes dades, es pot dir que l’adopció del conveni, que en realitat inclou un veritable contracte, no ha respectat els principis bàsics de publicitat i concurrència propis de la contractació pública, ni s’ha seguit cap dels procediments de selecció i adjudicació previstos legalment, de manera que s’ha omès totalment el procediment de contractació. La Comissió ha tingut ocasió […] de considerar supòsits en què s’ha utilitzat indegudament la figura del conveni de col·laboració per a vehicular allò que en realitat és un contracte i, en aquella ocasió, ja va considerar que el contracte era nul per haver-se eludit totalment el procediment de contractació en aplicació de l’article 62.1.e) de l’LRJPAC, semblantment al cas que ens ocupa." (FJ V)

La utilització incorrecta de la figura del conveni comporta la seva nul·litat, en encabir-se en el vici de prescindir totalment i absolutament del procediment legalment establert (procediment de licitació), així com l'adquisició de drets quan no es tenen els requisits essencials.

Tanmateix, la utilització incorrecta de figures allunyades del contracte (sigui un conveni, sigui l’encàrrec de gestió de la Llei 40/2015 o l’encàrrec a mitjà propi personificat de la LCSP, quan no es compleixen els requisits legalment establerts) permet:

a) Que sigui impugnat davant els tribunals contractuals.
b) Que la legitimació s’ampliï més enllà dels “licitadors interessats”: als regidors.

En aquest sentit, és interessant l’Acord 75/2017, de 4 de juliol de 2017, del Tribunal Administratiu de Contractes Públics de l’Aragó.

a) Que sigui impugnat davant els tribunals contractuals:

"La competencia es una cuestión de orden público procesal que es indisponible tanto para este Tribunal como para los poderes adjudicadores, lo que exige la determinación clara de la misma, sin que interpretaciones formales puedan limitar dicha competencia, tal y como se puso de relieve en nuestros Acuerdos 52 y 55 de 2013, al advertir que una incorrecta tipificación no puede laminar la competencia del recurso especial (y así se ha reconocido por la STS de 22 de junio de 2016, Resolución 1502/2016, que valida una interpretación conforme a los principios europeos de la contratación pública para favorecer el control mediante recurso especial). En nuestro Acuerdo 59/2013, se declaró que una indebida tipificación no impide que este Tribunal pueda entrar en el fondo de un recurso, en línea con la Resolución del Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales 154/2011, de 1 de junio, ya que las consecuencias de la tipificación deben ser interpretadas sistemáticamente en el contexto del derecho comunitario. Por ello, en dicho Acuerdo se afirmó que 'la consideración como contrato administrativo especial no impide, por si —en tanto 'especialidad' de normativa nacional— que pueda existir recurso especial o cuestión de nulidad, pues a estos efectos debe primar la tipificación de la prestación conforme al Derecho de la Unión europea. Y la prestación recurrida, por su objeto, sí se encontraría sometida a la competencia de este Tribunal administrativo, pues otra interpretación sería contraria al efecto útil de los recursos especiales en materia de contratación habilitando una puerta de escape al control, contraria al propio fundamento del sistema'. […]

En definitiva, si la decisión que se impugna tiene o puede tener alcance contractual (como sucede con un supuesto de indebida utilización de un medio propio), la competencia de este Tribunal administrativo resulta indubitada, en tanto se trata de una de las 'decisiones' a que se refieren las Directivas de 'recursos' que prevalecen sobre una interpretación formal de la normativa nacional. Por ello, y de conformidad con la doctrina fijada en la STJUE de 2 de junio de 2005, Koppensteiner, que impone a los órganos encargados de la resolución del recurso especial la inaplicación de las normas nacionales que les impidan cumplir las obligaciones impuestas por las Directivas, debe declararse la competencia de este Tribunal administrativo para determinar si el alcance de la decisión impugnada es conforme o no, a la legislación y principios de la contratación pública."

b) Que la legitimació s’ampliï més enllà dels “licitadors interessats”: als regidors:

"La legitimación del concejal para interponer este recurso especial es clara. Siguiendo la doctrina del Tribunal Constitucional —STC (Sala Primera), núm. 119/2008, de 13 octubre, y STC 38/2010, de 19 de junio—, el TACPA ha avalado, en sus Acuerdos 36/2012, de 21 de agosto y 38 /2012, de 10 de septiembre, un concepto amplio de legitimación, conforme al cual hay que reconocer la legitimación de la parte recurrente. Esta interpretación amplia se extiende a los concejales, tal y como se ha admitido en nuestra doctrina en, entre otros, los Acuerdos 44/2012, 66/2013, y 79/2013, igualmente aplicada por otros Tribunales de recursos contractuales (por ejemplo, en las Resoluciones del Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales 280/2015, 548/2015 o 204/2017 entre otras), siendo asimismo confirmada por la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Aragón 500/2015, que ha recordado que la doctrina del TC es directamente aplicable a este supuesto, afirmando que 'los razonamientos, que fundamentan la legitimación de los concejales para impugnar en la vía contencioso administrativa los acuerdos municipales en cuya adopción no intervino, sirven igualmente para avalar su legitimación para interponer el recurso especial en materia de contratación previsto en el artículo 40 TRLCSP; sin que su artículo 42, relativo a la legitimación, nos pueda llevar a otra conclusión, precisamente en atención al interés legítimo que ostentan, en los términos establecidos por la doctrina constitucional y jurisprudencial referida; interés —e incluso obligación—, distinto del interés abstracto en la legalidad, de controlar el correcto funcionamiento del Ayuntamiento, como único medio, a su vez, de conseguir la satisfacción de las necesidades y aspiraciones de la comunidad vecinal que, como primera competencia, asigna a los Municipios el art. 25.1 LBRL'."

Aquesta legitimació àmplia dels regidors de l'oposició és seguida per la majoria de tribunals contractuals d'àmbit autonòmic (per exemple, la Resolució del Tribunal Administratiu de Recursos Contractuals d'Andalusia núm. 123/2019, o la Resolució de l'Òrgan administratiu de recursos contractuals del País Basc núm. 28/2020). No obstant això, no és el criteri seguit pel Tribunal Central de Recursos Contractuals, que en nega la legitimació, entre d'altres, en la Resolució 512/2020).

Tampoc es poden confondre els convenis amb els contractes privats, que tot i estar exclosos de la LCSP es regeixen per la normativa patrimonial. Així l'article 9 de la LCSP ens parla de les "Relaciones jurídiques, negocis i contractes exclosos en l'àmbit del domini públic i en l'àmbit patrimonial":

"2. Quedan, asimismo, excluidos de la presente Ley los contratos de compraventa, donación, permuta, arrendamiento y demás negocios jurídicos análogos sobre bienes inmuebles, valores negociables y propiedades incorporales, a no ser que recaigan sobre programas de ordenador y deban ser calificados como contratos de suministro o servicios, que tendrán siempre el carácter de contratos privados y se regirán por la legislación patrimonial. En estos contratos solo podrán incluirse prestaciones que sean propias de los contratos típicos regulados en la Sección 1.ª del Capítulo II del Título Preliminar, si el valor estimado de las mismas no es superior al 50 por 100 del importe total del negocio y, a su vez, mantienen con la prestación característica del contrato patrimonial relaciones de vinculación y complementariedad en los términos previstos en el artículo 34.2."

Aquesta exclusió de la legislació patrimonial no comporta la remissió a la figura del conveni, sinó l'aplicació de la LPAP 33/2003, el RBCL 1372/1986 i el RPEL 336/1988.

↑ Índex de la unitat

3.2 Matèria susceptible de conveni i contracte: el patrocini

En aquest apartat ens referirem al patrocini quan l’ajuntament és el patrocinat.

El patrocini, quan l'ajuntament és el patrocinat, permet enfocar el negoci jurídic com si fos un conveni o com si fos un contracte.

El contracte de patrocini, segons l'article 22 de la Llei 34/1988, d’11 de novembre, general de publicitat, és aquell

“Por el que el patrocinado, a cambio de una ayuda económica para la realización de su actividad deportiva, benéfica, cultural, científica o de otra índole, se compromete a colaborar en la publicidad del patrocinador. El contrato de patrocinio publicitario se regirá por las normas del contrato de difusión publicitaria en cuanto le sean aplicables.”

Si subscrivim un contracte, estem davant d’un contracte privat, com ha declarat la Junta Consultiva de Contractació de l’Estat (Exp. 7/18):

"Cabe destacar primeramente que los contratos de patrocinio no tienen una regulación específica en la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público. Al configurarse en torno a una prestación de hacer a cambio de la cual se cobra un precio podría considerarse prima facie que estamos en presencia de un contrato de servicios. Sin embargo, tal calificación choca con el problema de que la finalidad de interés público que se sirve a través de estos contratos no es sólo la publicidad institucional, sino que la financiación pública de las actividades culturales, deportivas o de otra índole es la verdadera finalidad principal de la actuación de la entidad consultante. Tampoco es previsible que el objeto social de la contratista sea la realización de campañas de publicidad institucional. En todo caso debe quedar claro que en la hipótesis que estamos analizando, existiendo una prestación a cambio del precio satisfecho por la Administración, nos encontramos en presencia de una figura contractual y no de una subvención y que si lo que realmente existe es una figura diferente al contrato, bien de modo patente o de manera encubierta, debe tenerse en cuenta lo señalado en el párrafo primero del presente expositivo. Teniendo todo lo anterior en consideración, cabría pensar que este tipo de contratos de patrocinio constituirían contratos privados al amparo de los dispuesto en el artículo 26.1.a) de la Ley 9/2017, según el cual tienen la consideración de contratos privados los que celebren las Administraciones Públicas cuyo objeto sea distinto de los referidos en las letras a) y b) del artículo 25. Esta remisión al artículo 25 alude a aquellos contratos que sean distintos de los contratos administrativos típicos o especiales. De esta forma, el régimen jurídico de los contratos de patrocinio sería el propio de los contratos privados […]."

O l’Informe 1/2009, d’11 de març, de la Junta Consultiva de l’Aragó:

"Como ya puso de manifiesto este órgano consultivo en su Informe 28/2008, de 10 de diciembre, la vía del patrocinio publicitario permite a las Administraciones Públicas, además de procurar financiación de la actividad deportiva, rentabilizar esa inversión en forma de publicidad. Esta auténtica equivalencia entre las prestaciones de ambas partes debe quedar claramente constatada en los pliegos (de cláusulas administrativas particulares y/o de prescripciones técnicas) y en el propio documento contractual, con objeto de descartar, que tras la figura de un contrato, pueda ocultarse la concesión de una subvención, en la que no existe la contraprestación directa por parte del beneficiario. El contrato de patrocinio, aún en el caso de ser celebrado por una Administración Pública, como es el caso, tiene la consideración de contrato privado. Su régimen jurídico se ha incorporado al artículo 20 de la vigente Ley de Contratos del Sector Público, cuyo apartado segundo dispone que 'los contratos privados se regirán, en cuanto a su preparación y adjudicación, en defecto de normas específicas, por la presente Ley y sus disposiciones de desarrollo, aplicándose supletoriamente las restantes normas de derecho administrativo o, en su caso, las normas de derecho privado, según corresponda por razón del sujeto o entidad contratante. En cuanto a sus efectos y extinción, estos contratos se regirán por el derecho privado'."

Ara bé, com dèiem, és una matèria que permet el contracte o el conveni de col·laboració.

A vegades, la col·laboració publicoprivada va més enllà d’un contracte de patrocini, perquè les voluntats de l’Administració i del sector privat són coincidents en la consecució d’una finalitat comuna. La vinculació del patrocinador amb l’activitat patrocinada va més enllà de la simple activitat publicitària, atès que patrocinador i patrocinat participen en la recerca d’objectius comuns. La manca de regulació del patrocini a l’Administració facilita que directament ens agafem a la figura de la contractació per via de l'article 22 de la Llei 34/1988, però caldria fer la diferenciació següent:

  • El contracte de patrocini publicitari és aquell pel qual l'ajuntament, a canvi d'una aportació econòmica per efectuar activitats culturals, esportives turístiques, socials, etc., es compromet a col·laborar en la publicitat del patrocinador, en els termes previstos en l'article 22 de la Llei 34/1988, d'11 de novembre, general de publicitat.
  • El conveni de patrocini és aquell en el qual el motiu de l'aportació econòmica voluntària del particular és col·laborar amb l'ajuntament en l'execució d’activitats culturals, esportives turístiques, socials, etc., i es publica la participació del col·laborador, sense que aquesta publicitat o qualsevol altre retorn convingut suposi una contraprestació a aquesta aportació que permeti qualificar-lo com a contracte.



↑ Índex de la unitat

3.3 Concessió de domini públic i explotació de béns patrimonials

Les concessions demanials i contractes d’explotació de béns patrimonials, igual que els contractes privats, també resten excloses de la LCSP (art 9.1). Ara bé, aquesta exclusió no comporta la remissió a la figura del conveni sinó als mecanismes d’utilització dels béns de domini públic i béns patrimonials establerts en la legislació de patrimoni.

En aquest sentit, l’Informe 8/2013, de 28 de febrer de 2014, de la Junta Consultiva de les Illes Balears, resol sobre la viabilitat jurídica d’atorgar directament una concessió per explotar els hipòdroms a la Federació Balear de Trot (d'ara endavant, la Federació), per mitjà d’un conveni de col·laboració.

[…] "La primera qüestió que es planteja és la viabilitat jurídica d’atorgar directament una concessió per explotar els hipòdroms a la Federació, per mitjà d’un conveni de col·laboració amb aquesta entitat.


[…] L’escrit de consulta planteja la possibilitat d’atorgar la concessió per explotar els hipòdroms de forma directa mitjançant un conveni de col·laboració. Tot i que, com s’ha dit abans, el negoci jurídic a què fa referència la consulta no és la concessió com a modalitat del contracte de gestió de serveis públics i, per tant, en tot cas, es tractaria d’una concessió demanial —exclosa de l’àmbit objectiu d’aplicació del TRLCSP—, sembla convenient fer algunes consideracions sobre la utilització dels convenis de col·laboració en relació amb la contractació pública.


[…] El règim d’ús i explotació dels béns demanials està regulat en els articles 84 a 104 de la Llei 33/2003. L’apartat 1 de l’article 93, que té caràcter bàsic, disposa que l’atorgament de concessions sobre béns de domini públic s’efectua en règim de concurrència i que, això no obstant, es pot acordar l’atorgament directe en els casos que preveu l’apartat 4 de l’article 137 d’aquesta Llei, quan es donin circumstàncies excepcionals, degudament justificades, o en altres casos que estableixen les lleis. Per tant, la viabilitat jurídica d’atorgar directament una concessió demanial requereix que les normes aplicables al cas de què es tracti prevegin aquesta possibilitat."

La utilització incorrecta de la figura del conveni en els casos de concessions demanial, comporta la seva nul·litat de ple dret, tal com s'exposa, entre d'altres, en el Dictamen de la Comissió Jurídica Assessora de la Generalitat de Catalunya.

Els mecanismes d’utilització dels béns de domini públic són la llicència i la concessió (art. 53 i s. del Decret 336/1988) i per als béns patrimonials l’arrendament o la cessió d’ús a precari (art. 72 i s. del Decret 336/1988).



↑ Índex de la unitat

3.4 Diferències entre contracte i concessió demanial

La delimitació entre contracte i concessió demanial depèn de tenir presents elements com la iniciativa i l’interès, tal com exposa la Junta Consultiva de Contractació Administrativa de Catalunya en l’Informe 17/2015, de 21 de desembre:

“[…] entenent que procedeix la qualificació jurídica de contracte –administratiu especial o de serveis, en funció de les prestacions que en configuren l’objecte– en casos de prevalença en el servei a obtenir d’un interès públic o una finalitat pública, i la qualificació d’autorització o concessió demanial en supòsits en què prevalgui l’interès privat del servei o l’activitat que requereixi l’ocupació privativa de béns de domini públic. Per tant, el fet que l’execució del contracte hagi de comportar l’atorgament d’algun títol habilitant per a l’ocupació temporal de béns de domini marítim terrestre, no ha de comportar que el contracte que l’Ajuntament subscrigui per a l’explotació indirecta dels serveis de temporada a les platges s’hagin de considerar exclosos de l’àmbit d’aplicació de la normativa de contractes del sector públic per aplicació de l’exclusió prevista en l’article 4.1.o del TRLCSP."

O l’Informe 13/2018, de 30 de maig, de la Junta Consultiva de Contractació Administrativa de la Comunitat Autònoma de l’Aragó que declara:

“En ocasiones puede resultar problemático deslindar uno y otro supuesto y, en consecuencia, decidir si debe procederse a aplicar la legislación contractual o la patrimonial.

Como ha señalado el Tribunal Administrativo de Contratación Pública de la Comunidad de Madrid en su Resolución 153/2017, de 17 de mayo de 2017, en la calificación de un contrato es fundamental la causa del negocio como elemento delimitador. En este sentido, para deslindar un contrato administrativo de una concesión demanial debe atenderse a la prevalencia de la obtención de un interés público o finalidad pública frente al interés privado en la explotación de un negocio o realización de una actividad que requiera la ocupación privativa de un bien de dominio público o de un bien patrimonial de la Administración. En este sentido, la existencia de un fin público que transcienda el puramente patrimonial llevará necesariamente a calificar la relación como contractual: será la finalidad perseguida por la Administración y la causa expresada lo que llevará a calificar una relación jurídica como contrato público o como negocio jurídico patrimonial.

Con un contrato público se persigue una finalidad pública, siendo el interés público en un mejor servicio el elemento prevalente, aunque el destinatario (y pagador) sea un usuario privado. Por el contrario, en un negocio patrimonial el interés público residirá en la contraprestación patrimonial, siendo el elemento más característico el interés privado en una actividad, generalmente lucrativa, que requerirá de la cesión del uso de un bien inmueble público para su utilización privativa en beneficio del particular que lo ocupa.


Ante la utilización por un privado de un bien dominical de una Administración pública hay que analizar si la actividad que vaya a realizarse puede considerarse como prestación de servicios con finalidad pública, o como utilización privativa de un bien de la Administración con un fin privado."


Estarem davant un contracte administratiu si la finalitat és pública, encara que el destinatari directe del servei sigui un tercer, empleats públics o usuaris, en la mesura que la finalitat sigui una millor prestació del servei públic. La identificació de la causa del contracte –element essencial d'aquest- amb una finalitat pública, com succeeix quan la prestació estigui directament vinculada a la prestació d'un servei públic, determinarà la qualificació com a contracte administratiu.

Un element característic en tals casos és que el negoci jurídic no es limiti a autoritzar l'ús privatiu d'un local de titularitat pública, permetent la utilització per l'adjudicatari en el seu propi profit per dur a terme una activitat econòmica, sinó que l'administració titular reguli l'exercici de l'activitat a desenvolupar establint les condicions de la prestació, especificant els serveis a oferir, l'horari d'obertura, fent coincidir els dies d'obertura amb els de les instal·lacions públiques, regulant la neteja de les instal·lacions, etc.

Com a conclusió:

La finalitat de donar servei als usuaris de la instal·lació, juntament amb la fixació de condicions de prestació, com les relatives a horaris, serveis, productes o preus, entre d'altres, són indicis clars de la naturalesa administrativa del contracte.

L’Informe núm. 87/2018 de la Junta Estatal també confirma la tendència a la residualitat del contracte administratiu especial:

“En definitiva, y teniendo en cuenta la amplia delimitación del objeto contractual del contrato de servicios, la prestación del servicio de bar, restaurante o cafetería en dependencias calificadas como dominio público no debe ser calificada como contrato administrativo especial, sino que, a pesar de que pueden aparentemente seguirse cumpliendo las condiciones que tradicionalmente hemos predicado de la categoría de contratos administrativos especiales, deben calificarse como un contrato de servicios o como un contrato de concesión de servicios. Será la definición de los términos del contrato la que permita al exégeta optar por una u otra solución en cada caso, sin que sea posible dar una solución general y única, lo que se advera si tenemos en consideración, por ejemplo, los pronunciamientos de diversos tribunales de recursos contractuales u otros órganos consultivos según los cuales la misma especie de contrato ha sido calificada como un contrato de servicios o como una concesión de servicios. Esta conclusión es, por demás, congruente con la evolución de la legislación española sobre contratos públicos, en la cual se observa una pérdida de importancia de los contratos administrativos especiales, que si bien se han mantenido en el vigente texto legal, aparentan ser ahora una categoría cuasi residual en la práctica cuya definición tiene una peculiaridad característica que impide que califiquemos de contrato administrativo especial a aquel que pueda incardinarse en un contrato administrativo típico, como es el caso que se nos plantea.


CONCLUSIONES

El contrato consistente en la prestación del servicio de bar, restaurante o cafetería en dependencias calificadas de dominio público y retribuido mediante la explotación del mismo, no debe ser calificado como contrato administrativo especial conforme a la nueva LCSP, sino como contrato de concesión de servicios en el caso de que concurra el requisito de la transmisión del riesgo operacional. En el caso de que este último requisito no concurra se calificará como contrato de servicios”.


L’acord del Tribunal Administratiu de Contractació Pública de la Comunitat de Madrid (recurs n. 136/2017; resolució n. 153/2017) afirma també que:

Es decir, el Ayuntamiento, con esta contratación, no procura solo la rentabilidad económica mediante la ocupación del espacio disponible en las instalaciones del auditorio, sino que considera fundamental fijar unas condiciones mínimas en las que se ha de prestar el servicio a los usuarios. Aunque el destinatario final de los servicios de restauración que se presten en las instalaciones que se ceden son los usuarios que libremente decidan acceder a las mismas, el beneficiario del servicio es el propio Ayuntamiento que trata de obtener un mejor servicio público en general y educativo o de ocio en particular.

[…] Una vez descartado el carácter patrimonial debemos analizar el tipo contractual que más se adecua a lo regulado en los pliegos y comprobar en primer lugar si es correcta la calificación como contrato administrativo especial.

[…] Sin embargo, existen otros elementos que inducen a desechar este tipo contractual. En primer lugar, no se prevé que la Administración abone un precio al contratista como contraprestación de los servicios que éste presta (será el adjudicatario el que pagará un canon al Ayuntamiento), sino que la remuneración del contratista radica en los rendimientos que pueda obtener de la explotación del servicio de cafetería y restauración a instalar en el auditorio municipal con las prestaciones, horarios y condiciones exigidas en el PPT que constituye el objeto contractual principal, es decir, de los precios que le paguen los usuarios, acompañantes, trabajadores y asistentes a las actividades que se celebren en dicho auditorio. En segundo lugar, la Administración no garantiza una remuneración fija o rentabilidad mínima a la empresa, de tal modo que transfiere los riesgos de la explotación al contratista, al contrario, la remuneración del contratista queda condicionada a los resultados de la explotación del servicio. El precio en los contratos de servicios consiste en el derecho a percibir una contraprestación económica. El precio de las concesiones de servicios es el derecho de explotar el mismo con los fines mencionados en el pliego.

[…] Descartada por los motivos mencionados la calificación de contrato de servicios, procede comprobar si la traslación del riesgo operativo al contratista permite la calificación del contrato como concesión de servicios.

[…] La consecuencia es, que asumiendo el contratista el riesgo operativo del contrato, la calificación adecuada, en el caso que nos ocupa, será la de contrato de concesión de servicios."

Podem concloure, per tant, que quan el que vol l'Administració és en exclusiva obtenir un rendiment econòmic per l'explotació, estarem davant d'una concessió, en canvi, si l'Administració vol prestar un servei i el regula, estarem davant d'un contracte.
Una altra nota important és la intervenció en els preus a cobrar per l'explotador; quan l'Administració es reserva la facultat d'aprovar els preus, és un indici de la concurrència d'interès públic que dota de naturalesa contractual el negoci jurídic (entre altres sentències, la del Tribunal Suprem núm. 192/2022, de 16 de febrer de 2022).



↑ Índex de la unitat


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Autoria i llicència

Autor: Joan Manel Ferrera Izquierdo

Coordinació tècnica i pedagògica: Servei de Formació per a l'Administració local, EAPC

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